Hoy en Estados Unidos se vive una realidad que no puede ignorarse. He visto niños separados de sus padres y ancianos humillados en plena calle. No hablo de rumores, hablo de hechos que golpean la conciencia.
Entrar ilegal es romper la ley, sí, pero eso no justifica la violencia ni el trato inhumano. La justicia verdadera no humilla, no pisotea. La justicia construye respeto, incluso frente a quienes serán deportados. Esa es la diferencia entre una nación que se honra en su bandera y un régimen que vive de la represión.
Cuando veo a ICE actuar como cazadores en las calles, recuerdo lo que representa el comunismo en mi tierra: la falta de empatía, la cobardía vestida de autoridad, el poder usado para humillar en lugar de proteger. EE.UU. no puede parecerse a lo que ha combatido por décadas. Y lo más grave es que esto deshonra a la propia agencia, degrada la misión de ICE y contradice los valores que la bandera de los Estados Unidos representa.
No olvidemos algo esencial: este país fue construido por inmigrantes. Cada persona que hoy pisa la Casa Blanca proviene de una raíz inmigrante, ya sea de primera o segunda generación. Esa es la verdadera historia de América.
El verdadero poder de Los Estados Unidos de América está en ser una república constitucional, en el respeto a la ley y a la Primera Enmienda, y en la dignidad con que trata incluso a quienes no pertenecen a esta tierra. Ese es el legado que la historia exige defender.
“La justicia es el fin del gobierno. Es el fin de la sociedad civil. Siempre será buscada, hasta que se logre o hasta que la libertad se pierda en la búsqueda”.
— James Madison