Hace poco más de diez años leí un libro que dejó una huella profunda en mi manera de pensar. Se llama Organizaciones Exponenciales y uno de sus coautores es Peter Diamandis. Desde entonces me he mantenido aprendiendo, observando y prestando atención a quienes no solo entienden el cambio, sino que también lo impulsan.
He seguido durante años sus programas, entrevistas, libros y conversaciones. Y dentro de ese universo, escuchar a Elon Musk entrevistado por Peter siempre me resulta especialmente interesante, porque permite ver algo que para muchos todavía sigue siendo complejo de comprender: la velocidad real a la que está avanzando la humanidad.
Estamos entrando en una etapa de despegue brusco en la tecnología.
No hablo de pequeños cambios. Hablo de transformaciones a una velocidad exponencial. Hablo de inteligencia artificial, robótica, energía, automatización y una nueva capacidad de producción que podría cambiar la estructura misma de la economía, del trabajo y de la vida como la conocemos.
Una de las ideas que más me impactó de esta conversación es la visión de Elon Musk sobre la escala del cambio que viene. Él plantea que, en los próximos diez años, la economía mundial puede multiplicarse por diez impulsada por un mejor aprovechamiento de la energía, la inteligencia artificial y la robótica. Yo quise aterrizar esa idea. Si una economía como la de Estados Unidos se multiplicara por diez y pasara de alrededor de 30 trillones a 300 trillones de dólares en una década, estaríamos hablando de una transformación de escala histórica, de un salto sin precedentes en la capacidad de producir, construir y elevar el potencial material de la vida humana.
La idea es poderosa.
Se abre entonces una pregunta inmensa:
¿Estamos caminando hacia una especie de postcapitalismo?
¿Hacia una etapa donde la abundancia supere muchas de las tensiones históricas del sistema actual?
¿Hacia una realidad donde incluso una renta universal llegue a ser razonable?
Nadie tiene todas las respuestas. Pero es evidente que estamos presenciando un cambio de era.
Y mientras miro todo esto con entusiasmo, con asombro y con esperanza, no puedo evitar pensar en Cuba.
Una tierra que amo profundamente.
Una nación bella, con gente noble, talentosa y sufrida. Un país que debería estar avanzando con fuerza hacia el futuro, creando, prosperando, construyendo, despertando junto al resto del mundo. Y sin embargo, sigue atrapado en la opresión, en la rigidez, en el control absurdo de quienes han preferido aferrarse al poder antes que permitir la libertad de un pueblo.
Es impensable hablar de futuro sin pensar en mi país.
Me entusiasma ver lo que viene para el mundo. Me emociona imaginar una humanidad más capaz, más libre, más abundante y más creativa. Pero al mismo tiempo me duele ver cómo Cuba continúa siendo arrastrada por manos incapaces, por estructuras hipócritas, por décadas de abuso, ruina, miedo y miseria.
Más de seis décadas de sufrimiento son demasiado.
Demasiado tiempo para un pueblo que merece vivir con dignidad.
Demasiado tiempo para una nación que merece prosperar.
Demasiado tiempo bajo un poder que nadie les concedió moralmente y que millones de cubanos ya no desean seguir soportando.
Creo que vienen tiempos extraordinarios. Creo que la humanidad está entrando en una etapa de transformación profunda. Creo que veremos avances que hoy todavía parecen ciencia ficción.
Y también creo que Cuba merece ser parte de ese futuro.
Cuba merece libertad.
Cuba merece reconstrucción.
Cuba merece progreso.
Cuba merece una nueva etapa.
Cuba merece un destino más alto que la ruina impuesta por quienes la han frenado durante tanto tiempo.
Por eso comparto estas ideas.
No solo porque me entusiasma el futuro, sino porque quiero invitar a otros a prepararse para él. A pensar mejor. A elevar su visión. A entender que vienen cambios enormes y que la mentalidad con la que entremos en esa nueva era va a importar mucho.
El futuro será extraordinario para quienes estén listos.
Y mi deseo profundo es que un día también lo sea para Cuba. Para mi tierra. Para todos los cubanos dentro y fuera de la isla. Para un pueblo que merece dejar atrás la oscuridad y entrar, de una vez, en una etapa de libertad, dignidad y grandeza.
“Crear un mundo de abundancia no significa crear un mundo de lujo, sino un mundo de posibilidades”.
— Peter Diamandis