La vida es un regalo divino.
No sé si te conozco o no, pero sé algo con certeza: eres un ser extraordinario, un ser de luz. Sin importar dónde te encuentres hoy en tu vida, recuerda algo fundamental: ámate profundamente. Ama a tu familia, ama a tu prójimo y honra la vida que te fue concedida.
Cada instante es único. Cada día representa una nueva oportunidad para aprender, para crecer y para vivir con mayor conciencia.
A lo largo de mi vida he observado algo que se repite en las personas verdaderamente felices y también exitosas. Su bienestar interior no depende del dinero. No depende del éxito material. No depende de las circunstancias ni del reconocimiento.
Existe algo más profundo que sostiene su forma de vivir.
Son personas que viven con una actitud de servicio. Son personas que buscan ayudar a otros, mantienen una energía elevada y un genuino sentir de amor hacia los demás. Aprenden constantemente. Independientemente del propósito que persigan en la vida, suelen ser humildes, bondadosas y profundamente respetuosas con los demás, porque entienden un principio esencial: amar al prójimo como a uno mismo.
No guardan rencor. Su naturaleza es la compasión. Son personas de fe. Muchas veces se sienten guiadas por algo superior y en sus decisiones buscan siempre el bien común, lo que es justo, lo que beneficia a todos y no solo a ellos mismos.
También he observado algo importante en estas personas. Muchas han vivido procesos muy intensos en la vida. Han sentido el dolor, han atravesado etapas prolongadas de tensión y situaciones que ponen a prueba el carácter de cualquier ser humano.
Sin embargo, hay algo que los diferencia del resto.
Su fe es inquebrantable.
Su propósito permanece firme. Su amor por la vida no desaparece, porque confían en que todo lo que ocurre forma parte de un proceso que contribuye a su crecimiento. Sus principios son tan firmes que no se rompen ante las pruebas de la vida.
Con el tiempo, este tipo de personas desarrolla un nivel de conciencia diferente, donde el amor y el servicio a los demás ocupan un lugar central en su forma de vivir.
Entonces ocurre algo extraordinario.
Aprenden a amar el proceso.
“Bendito el proceso, porque en él se expande tu luz y se forja el carácter que te llevará donde no existen límites”.
— Yuniel Enríquez
Bravo!!!!
Gracias. Feliz 8 de marzo.