Mientras terminaba mi libro encontré este capítulo entre mis manuscritos. En un principio pensé incorporarlo, pero al releerlo decidí dejarlo fuera.
Con el paso del tiempo comprendí que las palabras también maduran junto a nosotros. Hoy sigo creyendo en la esencia de este texto, aunque algunas de sus ideas las expresaría de una forma diferente. Quizás con más humildad, más comprensión y menos certezas.
Sin embargo, decidí compartirlo aquí porque pienso que la enseñanza sigue teniendo valor.
No importa en qué lugar de la historia te encuentres. Tal vez hoy seas quien necesita apoyo, o quizás seas quien, sin darse cuenta, puede estar juzgando a alguien que atraviesa su propio proceso. En cualquiera de los dos lados siempre existe una oportunidad para crecer, para amar y para convertirnos en mejores seres humanos.
No publico este capítulo porque crea tener la razón. Lo comparto porque sigo aprendiendo y porque creo que puede servir a alguien más.
Ojalá encuentres en estas palabras algo que te acompañe en tu propio camino.
Un capítulo que decidí no incluir
Mientras mi vida en esta etapa parecía derrumbarse, a ojos externos a mí, yo estaba amando el proceso que el universo me presentaba y experimentando las cosas más valiosas de la existencia humana. Esas que nunca imaginé que podían alcanzarme, pues eran todo lo contrario de lo que perseguía.
Sin embargo, estar aquí y experimentarlas no era casualidad; era la forma en que Dios colmaba mis oraciones y deseos de los años anteriores, cuando todo era perfecto y yo solo deseaba libertad para mi tierra y elevar aún más mi ser interior en valores como la integridad.
La forma de recibirlo fue descender hacia un lugar desconocido, doloroso y permanecer allí el tiempo suficiente para que algo de sabiduría y mayor entendimiento de la vida me alcanzara.
Si le quitas a un hombre justo su capacidad para cumplir con sus compromisos, cumplir su palabra a tiempo, es como empujarlo a un abismo sin fondo.
Viviendo esta etapa he recibido duras críticas, también apoyo y atravesado un conjunto de experiencias diversas. Me enfocaré en cosas desfavorables que he percibido, algunas de las cuales quizás tengan razón. De cualquier forma, ante esto opto por no responder a ninguna de estas situaciones, porque entendía que cada quien habla desde su punto de vista y desde sus propias limitaciones.
Si respondo lo que yo pienso, probablemente ofendería a mi contraparte; se sentiría herida por mis palabras y no haría eso, por lo cual mi respuesta era mantenerme en silencio y asentir con la cabeza.
Te comparto algunas de las cosas que presencié:
— Deja de perder el tiempo y vive como una persona normal.
— Usted es un fracaso. Yo apuesto a que nunca logras nada.
— Tienes tus cuentas en saldo negativo; un hombre de verdad no puede estar sin dinero.
— Un hombre sin dinero no tiene vida.
— Yo tengo que tener al menos X cantidad de dólares guardados, o yo sí nunca puedo quedarme sin dinero.
— Tú estás completo, sin mujer, sin dinero, sin salir; trabaja y trabaja y para nada. Te vas a volver loco.
Voy a puntualizar dos ideas muy claras.
El universo te devolverá aquello que tú emites en una mayor porción, entiéndase Fe o miedo, amor u odio, felicidad o tristeza, paz o ansiedad, abundancia o carencia. No somos lo que aparentamos, somos lo que vive dentro de nosotros y se manifiesta sin esfuerzo alguno y de forma espontánea. De eso que damos se nos colmará de razones para dar más y permanecer allí.
Primera: Respeto a todos. Agradezco lo bueno, lo justo. Aparto lo incorrecto; lo que no se alinea conmigo pasa de largo.
Nada de esto me ofendió nunca. Yo no me tomo nada personal; entendía que cada quien habla desde su propia visión del mundo.
Sin embargo, yo en algunas ocasiones pensaba en la destrucción que estas palabras podían causar en una persona con poca convicción o en alguien que simplemente estaba pasando por un mal momento y le llegan personas, en su mayoría cercanas, a decir cosas que solo ponen leña donde hay fuego o un pinchazo donde hay hinchazón.
Podía ver lo destructivo que es expresarse así hacia alguien que está luchando por sus sueños, pero en un período en que puede estar luchando por sobrevivir.
Así que te invito a que, si no tienes el coraje para luchar por tus sueños, tenlo para apoyar a aquellos que sí lo hacen o, al menos, jamás vayas donde una persona que está batallando para sobrevivir, para no rendirse, a juzgarla o humillarla, con o sin intención.
Hay momentos de decir verdades a quien las merece. Pero, por favor, “evita golpear el espejo que refleja tus miedos”.
Segunda: Haciendo énfasis al dinero, cada vez que un individuo se refiere a alguien sin dinero como si no fuera nada, o sin mil dólares guardados no es posible vivir, un hombre siempre tiene que tener… Mucho ojo con esto, porque lo que te compartiré es muy poderoso y puede alterar para bien tu manera de percibir las cosas.
Estas personas no son conscientes del poder de sus palabras. No son conscientes de que le están gritando al universo sus limitaciones y sus incapacidades.
Te diré mi interpretación ante estos comentarios.
El valor de un ser humano jamás va a estar ligado a algo material. Pues lo material es una consecuencia de ti, de quién eres, de tus decisiones y de tus acciones, pero nunca será la medida de tu verdadero valor. Muchos de los hombres y mujeres más ricos en la actualidad, hechos a sí mismos, algún día atravesaron dificultades. Pagaron el precio de convertirse en quienes son y de alcanzar aquello que hoy tienen.
En el momento que te validas solo con ello estás emitiendo: “Yo seré un esclavo de la miseria toda mi vida”.
Si alguien necesita mil dólares o más guardados para sentirse valioso, probablemente tenga que despertarse cada mañana por 40 o 50 años para ir a un trabajo que detesta, para poder mantener su estilo de vida y su validación guardada.
¿Por qué razón alguien sembraría una semilla que lo mantendría esclavizado viviendo una vida limitada durante su paso por este plano físico?
Podemos encontrar muchas respuestas. Lo dejaré en tu interpretación como lector.
Desde mi humilde punto de vista, el valor de una persona está completamente desapegado de lo material. Vive en lo profundo de tu ser y nada externo debería tener mayor influencia. Aunque muchas veces es en la abundancia y la libertad donde de verdad se muestra tu verdadero yo, cómo tratas a los demás cuando no necesitas nada de nadie, cómo se manifiestan tus valores y tu comportamiento cuando la vida te colma de bendiciones y libertad financiera. Esto expande tu ser. Te demuestra quién eres.
Siempre he tenido este dicho para mí mismo:
“Si quieres conocer a alguien, solo observa cómo trata a los demás, no a ti.”
En especial a los más vulnerables.
Y el otro lugar, y el más valioso, es cuando vives en un período de desierto, en la pérdida o en momentos oscuros, donde no te puedes validar con nada, donde fallaste, perdiste o estás viviendo tu proceso.
Quién eres cuando todo lo externo se fue y solo estás tú, solo tú y un mundo que parece golpearte con mucha fuerza. Cómo actúas cuando vives en lo profundo, cuando tienes todos los motivos para odiar el universo.
Ahí descubres verdaderamente aquello que habita en la profundidad de tu ser.
O encuentras todas las justificaciones para culpar, odiar, hacer cosas irresponsables, te dejas destruir por los vicios, por el dolor.
O actúas correctamente, con amor, con bondad, con honor, con la Fe inquebrantable de levantarte y de saber lo valioso que eres.
Porque tu valor no está en tus resultados; está en cómo vives, en tu espíritu, en saber que, sin importar cuáles sean tus circunstancias actuales, seguirás siendo justo, humilde, respetuoso, y nada te alejará de tu propósito, de tu Fe en Cristo, de tu amor por el prójimo y por la vida.
Y cuando vives desde ahí, los resultados son inevitables, la abundancia te perseguirá, porque es una consecuencia directa de el ser que habita en ti.
No olvides que lo que das recibirás en una mayor porción. Y cada quien solamente puede dar lo que es.
Todos, absolutamente todos, podemos ser seres extraordinarios, pero muy pocos eligen serlo. La diferencia es una decisión.
Elegir ser lo mejor que puedas, en cada una de las fases de la vida, hacerlo parte de tu ADN, porque inevitablemente, una vez tomes este camino como una filosofía en tu vida, estarás eligiendo vivir y recibir la Gracia del Señor.
Y no existe nada comparable con esto. Vivir alineado con la Fuente debería ser anhelo y búsqueda infinita de todos nosotros.
Así que no puedo aspirar a menos que te conviertas en un ser extraordinario, que te sientas digno de la Gracia, para que manifiestes en tu vida vivencias extraordinarias que colmen tus deseos en la carne y el espíritu.
Yo he podido experimentar vivir en abundancia y en la más abyecta de las carencias. Veo el valor humano como una fuente inagotable de vida, un potencial ilimitado de posibilidades por descubrir y la capacidad de elegir cómo vivir, porque incluso en ambas dimensiones puedes elegir la gratitud.
La experiencia de vivir colmado de bendiciones, sin limitación, con libertad de tiempo y movimiento, cerca de tus seres amados, es fundamental y maravillosa.
La posibilidad de vivir en la adversidad por un período de tiempo lo suficientemente profundo y amplio para despegarte del ego, amplificar el amor en tu ser y aprender, porque nada te enseñará más que esta etapa, son verdaderas bendiciones.
Es por ello que todo en la vida llega para bien. Una buena elección es vivir alineado con tu mejor versión, actuar desde el amor, el respeto hacia todo modo de vida, con bondad, con integridad.
Si estás arriba, mantén tu esencia en humildad. Si estás abajo, mantén una Fe genuina y nunca te rindas. Y no olvides que todo es para bien y todo proviene de la Gracia. Que cada acción tiene una reacción y el universo interpreta y actúa.
“Sé la mejor versión de ti mismo a cada segundo, entrégalo todo en cada minuto y honra cada hora, para que cada día sea una obra de arte en tu vida”.
— Yuniel Enríquez
Tu escrito logra traspasar la pantalla y sentirse genuino, sencillo pero lleno de valor y significado…. bravo❤️
Gracias. ❤️